viernes, 23 de enero de 2009

Un regalo

No me gustan demasiado ni los caramelos ni las gominolas pero hay cosas que llegan al corazón.
Soy tutora de una clase de niñas de 9 años, algunas ya de 10 y llevo dos años trabajando y disfrutando mucho con ellas.
También es verdad que a veces se ponen pesadas y que cuando llegan los viernes o las vacaciones las despido con la misma ilusión que las recibo los lunes o a la vuelta de unos días de respiro.
Intento que aprendan el valor del esfuerzo y no les gusta nada.Por eso, a veces, nos enfadamos mucho, sobretodo ellas conmigo y les gustaría jugar más y trabajar menos.
Se puede aprender y enseñar de muchas maneras, por eso nos cuesta tanto acertar, y también se puede ser maestra o simplemente profesora.
A veces queremos subir puestos en las listas de popularidad aunque sea a costa de no exigir lo que debemos o de pasar por alto lo que nos produce enfrentamiento.
Nos pasa ,me parece, en todos los ámbitos de la vida: la familia, el trabajo, los hijos y hasta los amigos.
Pero en educación, con un público poco dado a poner de su parte y dispuesto generalmente a salir corriendo en cuanto suena el timbre todavía es más fácil caer en la tentación de convertirse en alguien simpático con quien pasar el rato.
Cuesta hacer colegio y cuesta ser maestra, de las que enseñan , pero vale la pena y hasta de vez en cuando se recibe un trozo de cartulina con un caramelo pegado y coronado con unas letras de colores que dicen: FELIZ SANTO INÉS, GRACIAS POR ENSEÑARME.
Ese sí que es un regalo...muy grande

3 comentarios:

Juan Rodríguez Millán dijo...

Pues sí, un regalo enorme. No conocí yo en mis años de estudio muchos profesores a los que le hubiera hecho un regalo así. Más bien pocos. Me alegro de que lo valores en su justa medida.

Carlos dijo...

Debe haber pocas cosas que lleguen tanto como ese regalo. ¡Felicidades!

María dijo...

Ese si que es un buen regalo!!!!!!!