miércoles, 25 de febrero de 2009

No sé

En una semana dos veces.
Tenía la cara desencajada y el corazón lleno de ira.
LLeva trabajando 50 de sus 65 años y le ha costado mucho esfuerzo y mucho sacrificio sacar adelante a su familia y a la de sus empleados para que ahora le amarguen la existencia, un día sí y otro también, con golpes en los cristales de su pastelería para llevarse unos cuantos jamones y algunas latas de paté.
Me pareció que tenía miedo e impotencia.
Miedo a que hubieran podido hacer daño a alguno de sus hijos que trabajan con él y que dejan muchas horas de su juventud, sábados y domingos incluidos,detrás del mostrador.
Impotencia porque ya no le sirven los cristales blindados de 3000 euros, ni las compañías de seguridad que aparecen cuando el daño ya está hecho, ni las horas quitadas al sueño buscando soluciones, ni los calmantes cuando recibe una llamada en la noche, ni la paciencia, ni las promesas incumplidas, ni nada de nada.
Solo quiere trabajar y dar trabajo pero no le dejan y ahí sigue con su bata blanca, su sonrisa y su conversación , ahora dolida.
No sé cómo lo arreglará...le deseo lo mejor, y que pueda volver a ver la sonrisa de nuestros dirigentes sin tener que apagar la televisión porque, dice él,..........no sé de qué se ríen.

3 comentarios:

Luisa dijo...

Mira que se debe sentir impotencia ante semejantes atropellos.

blumun dijo...

Estas pequeñas historias, son las que dicen la verdad de lo que nos interesa.
Pero nos perdemos, demasiadas veces, en temas grandilocuentes que nadie entiende ni importan.
El día a día de la gente normal, parece que lo estamos pasando por alto.
Un beso:)

maria jesus dijo...

El tema seguridad es tremendo y al parecer va a empeorar con la crisis