lunes, 23 de marzo de 2009

Con los dedos de una mano

No es tan fácil, más bien es bastante complicado, me parece a mi.
Ayer leí una entrevista a uno de nuestros más prestigiosos psiquiatras, uno de los mejores del mundo, y las respuestas que da sobre uno de esos temas que más quebraderos de cabeza nos dan a lo largo de la vida, son sencillas, casi de un mínimo sentido común, como que no me parece que haya que ser un experto de renombre para contestar que la amistad es afinidad, donación y confidencia.Realmente esperaba un poquito más.
Afinidad puede que se dé con muchas personas: afinidad de creencias, afinidad en las aficiones, afinidad en los gustos, afinidad de caracteres, afinidad de mil cosas pero puede ser también que con un amigo no compartamos ninguna de estas cosas y , sin embargo, puede ser también que lo que nos una sea el respeto y la admiración o puede que hasta el deseo de entendernos.
Donación; más que eso yo lo llamaría igualdad, sentirse a la misma altura, con los mismos derechos y las mismas necesidades, compartiendo un camino juntos , no uno delante marcando los pasos y el otro siguiendo la estela, a la vez, sin sensaciones de cabeza y miembro que obedece o consiente, dar esperando mucho a cambio y recibir con la obligación de corresponder.
No soy partidaria de esas amistades donde uno se siente con el derecho de exigir mientras otro consiente la sumisión y hasta la negación de sus principios en nombre de una falsa lealtad.
Confidencia; eso sí que convierte a un conocido en un amigo, ahí está el paso que abre la puerta de la verdadera amistad más allá de encuentros obligados o coincidencias repetitivas.Y eso se dá cuando sabemos que hay cosas que nunca saldrán de la intimidad de una conversación, que cuando no estemos presentes nuestras palabras no formarán parte de otras conversaciones y que el consejo o el comentario siempre será, cara a cara, sin esperar a cuando no podamos defendernos.
Pero la confidencia debe ser de ida y vuelta, como todo entre amigos.No podemos pedir que sean sinceros con nosotros sin ofrecer nuestra claridad y no es de recibo entrar a saco en la vida del amigo al tiempo que cerramos la nuestra con una colección de llaves imposibles. .
Pues eso, D Enrique Rojas, que no sé si leeré su libro, creo que sí, pero ya para empezar no estoy de acuerdo con su definición de la amistad, demasiado simple, demasiado convencional.
Yo conocidos muchos, amigos...con los dedos de una mano.

5 comentarios:

Boo dijo...

Yo también leí esa entrevista y me parece que el pensaba que amigos de verdad, pocos. Es muy difícil encontrarlos, pero son una joya.

Patricia dijo...

Pues yo siempre diferencio conocidos de amigos. Efectivamente con los conocidos tengo afinidades, pero la confidencia sólo se la hago a mi amiga. Sí, en singular, porque sólo tengo una y a Dios gracias.

Carlos dijo...

Amigos hay muy pero que muy pocos, es una palabra demasiado hermosa y que le viene grande a muchisima gente. A esos pocos amigos los debemos de cuidar como el mayor tesoro, nuestra vida sin ellos sería demasiado oscura.

María dijo...

Coincido contigo, los amigos de verdad son a los que quieres y te quieren con fortalezas y debilidades, con buen y mal tiempo, en momentos felices y en los otros.. Son con los que de verdad se siente uno a gusto siendo uno mismo. Y esos... pocos... son UN TESORO ;)

eligelavida dijo...

Pienso que la amistad es una de las cosas más preciosas de la vida y creo, como tú, que no siempre hace falta compartir las mismas cosas, basta con sentir respeto, admiración y desear lo mejor para esa persona. Es una verdadera virtud saber practicarla y tiene la dificultad añadida de que debe ser recíproca. Tener un auténtico amigo nos hace ejercitarnos en la comprensión, la generosidad, la entrega; se trata de querer al otro y querer lo mejor para el otro.