jueves, 2 de abril de 2009

Esa edad

No sé si es cierto aquello que alguien me dijo alguna vez de que pasada cierta edad debemos recurrir a los recuerdos de nuestra adolescencia para comprender la de nuestros hijos.
En una o varias palabras: que debemos tener memoria histórica de esos años para no perder los nervios y hasta la dignidad en la lucha que mantenemos durante esta época tan "difícil" no solo para ellos, también para nosotros.
Quizás quienes no sufrieron grandes turbulencias no comprenden a quienes sí fuimos de armas tomar y ahora reaccionamos enérgicos ante las embestidas de nuestros chavales.
Puede que veamos más allá o que incluso sepamos qué hay detrás de esos retos que nos lanzan como dardos casi a diario.
Es real que nos piden límites, que necesitan reglas, normas, aunque no quieran ni oir esas palabras .
Y también es real que cuesta mucho mantenerse firmes, descifrar los códigos de sus portazos,aguantar sin mover un músculo las protestas, hasta los gritos, no ceder, explicar o incluso no explicar el por qué de una respuesta y orientar ,puede que hasta empujar, hacia el camino que sabemos es el correcto.
No podemos hacer el juego a sus errores con nuestra indiferencia, tienen derecho a que les corrijamos pero también a que tomen decisiones conociendo las consecuencias.
Cerrar los ojos, mirar desde una esquina, observar en silencio, creer que nunca pasa nada importante, consentir sin distinguir sus derechos y sus deberes...despreocuparse; son respuestas que no responden y direcciones que no nos llevan a buen puerto, ni a ellos ni a nosotros.
No podemos ser sus amigos y menos sus colegas; también ellos tienen derecho a tener padres y ...aunque no lo parezca, lo están deseando.

4 comentarios:

alfonso sanz dijo...

Me ha gustado todo, pero me quedo con lo de "en varias palabras". Eso va ha hacer fortuna.

julia dijo...

Totalmente de acuerdo nena, un besito.

¿Mañana más? dijo...

Aquí todos tenemos nuestro papel. Ya sabes que educar no está ni pagado ni agradecido, pero siempre te queda la satisfacción del trabajo bien hecho. ¡A por ellos!.

Luisa dijo...

Desde luego, esto es la guerra. Quiero decir que es una guerra entre generaciones.
Yo recuerdo muy bien mis desplantes. Ahora, visto desde el otro lado de la barrera, les admiro-a mis padres-y deseo para mí la misma paciencia, que como tu dices, no es dejación de deberes.
Es dificil¿eh? Rematadamente dificil, pero...al final, pasa.
A mí se me pasó.Espero que a los mios se les pase y no se eternicen en la adolescencia.