domingo, 17 de mayo de 2009

Hijos

Hace días que llevo dándole vueltas a la frasecita y cada vez lo veo más claro...no hay duda de que es absolutamente real.
Esta semana he tenido algunas tutorías de las que señalo en la agenda como complicadas y a las que suelo acudir con la lección muy bien preparada y con las palabras muy poco improvisadas.
Pero antes de lanzarme al ruedo intento recordar lo que una vez me dijeron :"los hijos duelen, duelen mucho" y procuro suavizar los tonos presentando un panorama lo más optimista posible.
Pues aún así hay veces en las que me doy cuenta de que los padres nos defendemos o nos engañamos más de lo que deberíamos y nos cuesta reconocer que nos hemos equivocado o que nuestros hijos no han sabido elegir el mejor camino.
Nos parece que les ayudamos tapando sus problemas , buscando otros culpables o evitándoles el mal trago de tener que rectificar el rumbo o cargar con las consecuencias de sus actos.
Nos falta objetividad y no queremos escuchar de otros labios lo que probablemente conocemos y hasta intentamos corregir en la intimidad.
Nos apropiamos del papel de abogado defensor cuando se trata de sus vidas y hasta de fiscal contra quienes intentan ayudarnos en su educación, sin pensar que sería mejor para ellos que formásemos un buen equipo de entrenadores de lo que es su presente y será su futuro.
Como madre y profesora vivo los dos papeles y a veces pienso que mi labor docente pasa pero que esto de que me duelan los de mi propia sangre, como no lo encauce a tiempo...durará toda la vida.

4 comentarios:

Carlos dijo...

Para todos los padres sus hijos siempre son los mejores y pocas veces se atreven (al menos en público) a admitir sus errores. Con todo yo también pienso que en la eduación siempre es bueno equilibrar las cosas, ni todo es blanco ni todo negro.

laura dijo...

bueno,mi hija desde luego no la cambio por ninguna,ahora,hay cosas d su caracter q m gustan más y m gustan menos.No es perfecta,ni yo,ni nadie,y tampoco m gustaría q lo fuera,ni pretendo q sea la mejor.Yo si se reconocer lo q hace mal,y eso q sólo tiene casi 4 años.Y si una profesora debe castigarla(al igual q hago yo si s porta mal),pues q la castigue,no la defiendo a capa y espada,creo q eso no hace más q perjudicarlos y convertirlos en pequeños déspotas,y no m importa reconocerlo ante los demás,siempre q los demás tb sean conscientes q sus hijos tampoco son perfectos, a mi ese tipo d padres m exaspera,ante los únicos q no lo reconozco es ante quien habla d sus hijos como la perfección absoluta,ante ese tipo d padres simplemente no hablo d mi hija,ni para bien ni para mal.besos

María dijo...

Creo que es verdad que muchas veces nos duele ver que la realidad de nosotros como educadores no es tan buena como nos gustaría y que nuestros hijos como personas libres eligen a veces lo que no les conviene.
Pero pienso que si lo aceptamos y continuamos con la tarea ambos es porque sabemos a dónde queremos llegar, aunque a veces nos cueste. Bss

Natalia Pastor dijo...

En equivocarse está la capacidad de aprendizaje.
Como dice Carlos,cuesta admitir los errores,pero lo importante es saber cual es el fin y el objetivo que se persigue.
Saludos.