martes, 14 de julio de 2009

Desvestidos

Me ha llegado la noticia de que algunos profesionales de la hostelería han propuesto multas para los que paseen en bañador, o sin ni siquiera eso, por lugares de uso turístico o de esparcimiento.
Pues no me estraña, aunque yo lo extendería a otros de uso más corriente y a los que ultimamente me resisto a ir, si no es muy de mañana o muy de noche ,cuando la multitud desvestida ha abandonado el lugar.
El supermercado, para empezar, debería exigir entre sus clientes unas normas mínimas de higiene.
Comprar fruta entre hombres con camiseta de tirantes o con bañadores a media pierna es para perder el sentido y si la cosa se extiende al uso de chanclas cangrejeras el tema es ya de denuncia.
Esperar en la cola de la panadería detrás de la jovencita con ¿camiseta? y ¿pantalonciiiitos? todos ellos minis, levanta en mí fundamentalmente ira y ganas de matar porque ni todas están como para despertar envidias ni me parece que sea el lugar, ni la compañía adecuada, para mostrar tanta carne.
Luego llegamos a tomar un aperitivo y nos invade el olor a coco de los muslos desnudos de los comensales de la mesa de al lado y si la suerte no nos acompaña, hasta puede que tengamos que soportar el torso peludo de algún que otro amante de la cerveza prácticamente encima del plato de aceitunas.
Por último me ocuparé de la utilización obligada de los medios de transporte público.
Por mucho que se diga aquello de que tenemos el mejor metro del mundo, en esta época del año ni el más moderno aire acondicionado, ni los fragmentos de novela pegados en los cristales , ni la mejor música como mar de fondo, son capaces de aliviar la angustia del roce constante de mi cuerpo con otros desconocidos, ni el ahogo asfixiante de tanta glándula sudorípara sin proteger , ni la visión apocalìptica de tanto escote vencido por la ley de la gravedad.
Cada cosa tiene su sitio y cada vestimenta su lugar, aunque también diría que hasta en la playa se agradece el recato y el buen vestir, que no hace falta ir desparramando las miserias propias en la sombrilla del vecino y que si de verdad hay alguno al que no le importe mostrarse en versión original, que lo deje para su casa y para los suyos, que los demás tenemos derecho... a vivir con un poco de aire.

1 comentario:

María dijo...

Cuánta razón...... hoy estaba pensando en eso...
Un beso