miércoles, 1 de julio de 2009

Mirrors

Me gustan poco, lo justo, pero hoy me han recordado que son muy necesarios, sobre todo los que no se vén, los que esperan en cada esquina y que reflejan, no especialmente la figura, sino todo aquello que hacemos.
Parece pretencioso pensar que hay quienes nos miran, no sólo nos ven, y sacan conclusiones de nuestros actos, nuestras palabras y hasta nuestra forma de vestir . ¡Pero es así!
Que nuestra imagen se refleja por todas las esquinas y por muchas conversaciones tiene su lado positivo, y hasta beneficioso, cuando nos ayuda a cuidar la coherencia entre lo que decimos y aquello que vivimos, entre lo que somos y lo que pensamos que creemos y entre nuestros principios y nuestro modo de vivirlos.
No se trata de representar un personaje aprendido sino de hacer realidad los valores que sabemos deberían guiar nuestros actos.
Rectificar a tiempo las notas desafinadas, no esconder los defectos tras una capa de falsa apariencia y luchar cara a cara contra la hipocresía supone un esfuerzo que encuentra su recompensa en la paz interior y la coherencia de vida.
Mirrors, espejos que proyectan al exterior, y a nosotros mismos, una imagen de lo que somos y de lo que, de verdad, queremos ser.

1 comentario:

Natalia Pastor dijo...

Lo importante,Inés, es que cuando nos miremos en esos espejos,la imagen que nos devuelva sea reconocible, no la de un extraño al que ignoramos y como decía Sartre del "reflejo social" y su efecto;"ese no soy yo".
La imagen real es la de la conciencia tranquila.
Saludos.