sábado, 14 de noviembre de 2009

Noches

No pensé que llegase nunca a ser eje de mi conversación pero, definitivamente, el cambio horario...es una puñeta.
Dudo mucho de que el motivo de tenerme desde las 6 de la tarde con la luz encendida sea, como dicen, rebajar el recibo de la luz.
No sé, me huele mal.
Más bien podría ser que así consigan introducirme en la apatía y la desgana más absoluta y caiga en el habitual letargo invernal que me impide moverme, más allá de lo estrictamente necesario.
Cuanto más pronto anochece más nos encerramos en nosotros mismos, menos pisamos la calle y con mayor seguridad dejamos de comentar nuestros males; creando así un clima de calma chicha que favorece la acción de los que manejan nuestros dineros y nuestras vidas.
En la oscuridad nos dejamos manipular más facilmente, no manifestamos nuestro descontento con tanto ruido y tendemos a refugiarnos al abrigo de los cuatro o cinco que nos resultan cercanos, en una palabra, damos menos guerra.
Mesa camilla, café calentito, mantita sobre las piernas, noches de bohemia desde bien prontito.
Y es que ya más pacíficos no podemos ser, si somos corderillos. La gente aguanta y aguanta sin asomar los dientes fuera de su guarida y los escándalos de todo tipo caducan sin llegar a enterarnos de quien va a explicar lo que ha pasado en realidad.
Que no, que no es por el gasto; que lo del cambio de hora es para que nos vayamos pronto a casa, para que salgamos lo menos posible y para que sigamos dejándoles hacer... sin hacer demasiadas preguntas.

No hay comentarios: