sábado, 21 de agosto de 2010

We can.

Me gusta... esa sensación de que algo se puede conseguir.
Hay miles de maneras de enfocar la puesta en marcha de un nuevo curso escolar y personal.Algunas demasiado rancias como para dedicarles ni un minuto de este tiempo y otras, más frescas y estimulantes, a las que sí quiero dar rienda suelta.
Algo se mueve en el alma cuando dejamos la vida veraniega mientras aparcamos en el trastero la sombrilla y los botes de crema protectora que, me han dicho, no servirán el próximo verano pero a los que ¡debe ser una consecuencia de la crisis! me niego a tirar a la basura.
Tampoco quiero desprenderme de esa sensación placentera que me proporciona el mar, el sol al atardecer y la ducha después de un buen baño salado.Esa sensación de que nada ni nadie pueden cambiarme el humor, de que el mundo se puede hundir pero yo no me voy a mover, de que todo se puede arreglar, nada me puede turbar y pocas cosas son capaces de destruir lo que tanto esfuerzo me está costando levantar.
Eso es lo que me llevo y me quedo de estas vacaciones al sol, de esas noches en familia y de esas partidas de cartas donde se gana y se pierde, se ríen las ocurrencias del contrincante, se disculpan los errores del compañero, se asumen los propios y se aprende a que siempre es mejor participar que tener miedo a defraudar.
Por eso este septiembre paso de depresiones postvacacionales, de rollos filosóficos y de teorias complicadas para superar la pereza que me da volver a la vida de Madrid . Mejor me engancho a la ilusión por trasladar a enero la calma de agosto, a diciembre el calor de estos días y a noviembre las horas de luz del verano.
En esto yo como Obama...yes, WE CAN.

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