martes, 12 de octubre de 2010

Una bendición

Y no me quejo...simplemente, me canso.
Si hasta  Jesucristo, a esa edad, dio quebraderos de cabeza a sus padres en el mismísimo Jerusalen , con más razón lo hacemos los simples mortales cuando empezamos a ser conscientes de nuestro poder de decisión.Que llegan los doce años y por más que busquemos por los rincones, no hay manera de localizar a aquel o aquella que levantaba nuestras pasiones maternales en sus primeros años.O puede que sí, puede que lo hallemos escondido dentro del armario, entre montones de calcetines sucios , los restos de la merienda de hace tres días y las zapatillas de futbol cubiertas de barro.Ahí o en el fondo de una mochila con más papeles que cuadernos y compartiendo espacio con bolígrafos mordisqueados, lápices sin punta y múltiples restos de gomas de borrar.
Y es que llega una edad en la que ni los armarios tienen puertas, ni el frío entra por las ventanas, ni el grifo de la ducha llega a cerrarse nunca.Por no contar el problema que supone guardar los zapatos en algún lugar, cerrar la pasta de dientes, encestar la ropa interior dentro del cesto de ropa sucia o simplemente guardar en el lavaplatos los utensilios que previamente se han ensuciado.
He intentado aplicar terapias disuasorias que me sirvieron con mis hijos mayores en trances semejantes pero la nueva hornada es más dura de roer y se me resisten como gato panza arriba.Incluso diría que ni siquiera  toman en serio mis amenazas más crueles y me temo mucho que, como sigamos así, voy a tener que huir de casa para que no me encierren en algún centro psiquiátrico.
Ya sé que todo esto entra dentro del protocolo habitual en la adolescencia, pero no deja de ser divertido en los ajenos y más que molesto en los cercanos...digo yo.Por eso pido unión y colaboración para superar con cierta salud mental esta etapa de mi vida.
O eso o que me devuelvan a la época en que mis enanos se reían con mis bromas, lloraban cuando no me veían o simplemente dormían siestas de tres horas mientras yo les achuchaba pensando que ...eran una bendición del cielo.

No hay comentarios: