miércoles, 24 de noviembre de 2010

Dándole vueltas

A veces uno se da cuenta de que...no hay nada que hacer.
Ya me gustaría decir lo contrario pero lo que no se puede, no se puede y lo demás es tontería. Insistir, darle una segunda oportunidad a quien ha rechazado todas las primeras, intentar lo imposible y no amargarse en el intento, requiere un grado de heroicidad al que muy pocos mortales pueden llegar.
Por eso puede que lo mejor sea salir corriendo y no dar opción al desencuentro. Literalmente desaparecer del campo de acción de quien no es capaz de ver nada bueno en nosotros y poner tierra por medio.Hacerse invisible, huir del cruce y ganarnos un puesto en el limbo impersonal de aquél que nos hace daño y en el que producimos un rechazo visceral.
No dudo de que esa sea la actitud más inteligente pero...¿qué hacemos cuando necesariamente formamos parte de su día a día y él del nuestro? ¿cómo gestionamos la presencia mutua habitual? ¿cómo digerimos la influencia que sus decisiones tienen sobre nosotros?¿con que cara recibimos sus órdenes?¿ a que santo debemos encomendarnos para manejar con mano izquierda sus pullazos?
Ideas, ideas, que me han pedido consejo y...no sé qué se puede hacer.

3 comentarios:

Maria Jesus dijo...

Depende de si es su marido o mujer, su jefe, su hijo, etc

INÉS dijo...

Los maridos y los hijos no entran en esas categorías. Algunnos jefes, los malos, sí pero tenemos que ampliar el campo de visión...¿qué hacemos?

María dijo...

Utilizar el sentido del humor Inés, y/o ventilarse emocionalmente con una amiga o un alma caritativa que escuche y diga contigo eso de "que se vaya a la m" que la Vida no es eso.... y en el día a día huir lo necesario para no toparte@.... 6 de 10 veces suele funcionar uno de estos trucos, solo queda aguantar los otros 4 pero uno no se satura... ;-)Por experiencia... funciona!!